No hay alarma que lo despierte.
Su propio cuerpo ya sabe
la hora.
Hay algo que los manuales de crianza
nunca te dicen.
Cuando llevas tiempo con tus cuyes,
dejas de verlos como animales
de producción y empiezas a verlos
como lo que realmente son:
cada uno con su carácter,
su ritmo y su forma de ser.
Antes de que salga el sol
ya está en el galpón.
Sin aplausos.
Sin publicaciones en redes.
Sin que nadie le pida hacerlo.
Si estás criando cuyes, sabes exactamente
de qué estoy hablando.
Te descuidas tres días — tres días nomás —
y el galpón tiene vida propia.